Cuando suena la campana de la tarde a las nueve en punto
Canción
1. Cuando suenan las vísperas a las nueve de la noche, entro en el cuartel y miro el estante, no hay nada en él más que un miserable saco; si mi amado lo viera, su corazón estallaría. Escribo mi nombre en las cuatro esquinas de mi manta, te lo doy, se lo doy a un niño húngaro. Que lo lea llorando, el gaitero, aún tenemos muchos días tristes en el cuartel.